Hace unos años el alquiler parecía cosa de pobres. Si tenías un trabajo medianamente bueno, era casi obligatorio comprar una casa, un piso o un chalé en una urbanización. Cuando decías que estabas alquilado todo el mundo te miraba con cara de lástima.

Pero la realidad es que ser propietario o inquilino tiene poco que ver con si eres pobre o de clase media. Tiene más que ver con tu forma de pensar y tus objetivos en la vida. Evidentemente, si tienes abundancia querrás tener algunas propiedades, e incluso puedes ganar más dinero alquilándolas. Pero hoy queremos centrarnos en el caso de la mayoría española: hombres y mujeres trabajadores que solo necesitan la residencia habitual, el piso o casa donde viven.

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